Hacía un buen rato que su hijo se había acostado y, como cada noche, pasó por su habitación para comprobar si ya dormía.
Y como cada noche, se encontró con la misma imagen de siempre: un bulto bajo la colcha. Se acercó hasta la cama y de un tirón apartó la sábana mientras le decía: ¡Por el amor de Dios! ¡Un día de estos te ahogarás! ¿Por qué tienes que taparte de pies a cabeza?
– Tengo miedo, papá.
– ¿Miedo de qué?
– Miedo de tus miedos. Por la noche, cuando te duermes, tus miedos te abandonan porque no pueden con tus sueños. Entonces, pululan por la casa como almas en pena, asustándome. Por la mañana, en cuanto te despiertas, vuelven a refugiarse en ti.





Deixa un comentari