Leyendo “El Pentateuco de Isaac” de Angel Wagenstein me encuentro con una de esas verdades verdaderas:
Las capas transparentes del tiempo se sobreponen una encima de la otra y a través de la lente de aumento resultante se ve mejor la verdad sobre los autoengaños del pasado.
Me consuelo pensando que he acumulado suficientes capas como para ahora tener una visión clara de lo que quiero y lo que no quiero. Pero soy consciente que me autoengaño porque hay cosas que hoy por hoy, siguen desenfocadas.
Me autoconsulto.
El autodiagnóstico es más que fácil; sufro de presbicia como la mayoría de la gente de mi quinta. Mis ojos han perdido parte de su capacidad de acomodación y por consiguiente, me cuesta enfocar objetos cercanos. Para poder ver un texto con nitidez necesito alejarlo de mí.
Aprovechando que en breve empiezo las vacaciones, me autoprescribo distancia; distancia de mí misma. Un par de semanas en un país desconocido y sin ningún punto de referencia sobre quién soy, quizás basten para conseguir un buen enfoque.





Deixa un comentari