Es solo una más de la llamada generación J.A.S.P. Asqueada por otro día de malas noticias decide convertirse por esa noche en la chica de la barra.
Consigue un poco de paz con una copa en la mano mientras escucha la música de Los Transeúntes. Sin embargo, le dura poco. Un hombre cansado, un ciudadano medio se le acerca por detrás, le cubre los ojos con las manos y con voz infantil, le pregunta: ¿Quién soy yo? Su primer impulso es contestar: un maldito gusano de 11 patas. Pero entre los espacios que dejan los dedos del indeseable, distingue la luna llena y le pide “ven a mí”. La invoca con todas sus fuerzas hasta que consigue la inlunación necesaria para flotar en el mar de la tranquilidad.





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