Todos hasta el moño del virus, pero por una vez, a mí me ha hecho un regalo.
Su intención era celebrar la despedida de soltera de Sara en Marrakech donde empezó todo. Allí nos conocimos siete veranos atrás como cooperantes de un proyecto donde nuestras sonrisas se fundieron con las de decenas de niñas y niños.
Pues nada, que la pandemia les ha trastocado el destino inicial y han acabado aterrizando en mi Barcelona. ¡Qué suerte la mía!
Paseamos por el Parc de la Ciutadella y comentan que hay algo en la ciudad, no saben qué, que les da una sensación de paz, de equilibrio. Les digo que estamos muy cerquita del mar. En Madrid y en Valladolid no tienen; oh, se siente😉
Son mujeres de agua. Agua que lleva la sabiduría de sus ancestros y que ellas ya saben aplicar en sus vidas. Agua que las permite adaptarse a las circunstancias y seguir dando lo mejor de sí mismas. Agua que las invita a bucear y reencontrarse.
Son, somos mujeres de agua.






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